Hay momentos en que la vida pierde dirección: un cambio, una edad, una pérdida o simplemente el cansancio de la rutina. Preguntarse por el sentido es profundamente humano.
Entender lo que pasaViktor Frankl, que sobrevivió a los campos de concentración, observó que quienes tenían un «para qué» resistían mejor. Su conclusión: el ser humano no busca solo placer o poder, busca sentido. Y cuando no lo encuentra, aparece un vacío que intentamos llenar con ruido.
Para Frankl, el sentido no se inventa: se descubre. Y lo propuso en tres lugares: en lo que damos al mundo (un trabajo, una obra), en lo que recibimos del mundo (el amor, la belleza, la naturaleza) y en la actitud con que enfrentamos lo que no podemos cambiar.
Las crisis de sentido no son un error: muchas veces son la señal de que una etapa terminó y otra quiere empezar.